A veces, es inevitable comparar cosas como coches, autobuses, trenes... con nosotros. Esa otra máquina que a los veinte años creemos infalible, poderosa, imposible de averiar... pero que el tiempo nos va dando una lección lenta, pero inexorable de lo que realmente es la vida.
En nuestro andar por el camino que nos vamos forjando, sufrimos cicatrices y ataques de risa. Todo es parte del aprendizaje.
Y llega un momento, en donde la maquinaria empieza a fallar...
Vengo de comer en casa de mis padres y de ver a mi abuela. Detrás de mis padres, ha sido la persona más influyente que he tenido. Mis primero recuerdos, están ligados a ella y a mi abuelo. De pequeño, mi hermano cogió hepatitis, y mis padres, para evitar el contagio, me mandaron con ella. Vivian también en Alicante, pero... El caso es que viví un año obligado por las circunstancias, y unos cinco de forma voluntaria. Incluso cuando mis abuelos se fueron a vivir a la misma portería que mis padres, yo seguía durmiendo en su casa.
A veces era un incordio, entraba a mi habitación sin tocar, o entraba cuando yo no estaba... sí, son tonterías, pero yo era muy "territorial". Otras, entraba y me ofrecía un colacao, o me daba 100 pesetas para un café... Era la abuela.
Cuando me casé, cambié de casa. Sabía que ya nunca más entraría a mi cuarto, nunca más me diría aquello de "no te cierres la puerta que hoy no me encuentro bien".
Y los años han pasado. El tren de mi abuela ha dejado de acelerar. Su vida avanza por la inercia de años de empuje. Me mira con ojos vacíos, casi ya no les veo vida en ellos. Su voz, antes autoritaria, ahora es solo un hilo de voz que, si se esfuerza en alargar la frase, acaba en un ataque de tos. Unas gomas le meten el oxígeno suficiente para avanzar otro día más, un poco más. Pero cada día, su tren va más lento. El fin de la vía está cerca.
Ahora sé, que de verdad, nunca más entrará en mi cuarto a ofrecerme un calaco caliente en invierno, o frío en verano. Nunca más le veré arreglando mi habitación. Nunca más
Siento que se me va. Y se va para siempre
Una persona de carácter, pero también hay que entender que vivió una época difícil. Su marido y su hermano en la Guerra Civil, y además en bandos contrarios. Después la postguerra, dos hijos..
Aún recuerdo aquellas partidas de parchís, aquellas adivinanzas. Ahora te vas poco a poco, veo como te apagas.
Doy gracias por haber podido disfrutar de ti treinta y ocho años, aunque me quedo con la sensación de que no fui el mejor nieto. Quizá, por eso, me gustaría haber podido disfrutar de ti otros treinta y ocho años
Solo unas últimas palabras, para expresar algo que nunca te diré: Gracias Yaya, por haber reido conmigo, por haber llorado conmigo, por reñirme, por alentarme, por cuidarme... por haber sido algo más que una abuela.
Cuando tu tren se pare definitivamente, ve en paz y dale recuerdos al abuelo, que también lo echo de menos.
1 comentario:
jooo, que bonito.
Publicar un comentario