Pues sí, hace 40 años, y ya algunas horas, llegué a este planeta que tanto quiero. Llegué un mes antes, por si se me hacia tarde, y porque no quería que el verano se acabara. Tenía cita para septiembre pero dije.. ¡que carajo! salgo hoy… de madrugada… y ahora que está cayendo una buena tormenta… porque ¿Qué es un parto si todo sale rodado?

He decidido poner la foto de esta tarta que humildemente he “adquirido”. Quizá, porque esa época, la de las maquinitas de marcianitos, fue una de mis mejores épocas. ¡Cuanto ha llovido desde mis 14 años! El 4 ha ido desplazándose hacia la izquierda cual tránsfuga político…
Mafalda… la gran filósofa. Que grandes lecciones nos ha dado desde las viñetas…
Quisiera hacer un resumen de lo que ha sido mi vida estos 40 años, recordar toda la gente que ha pasado por mi vida, lo que he hecho, lo que no… pero sería imposible y aburrido a partes iguales. Gracias a todos, a los que estáis en mi vida, a los que ya no están y a los que os iréis, pues hacéis que mi vida errante, tenga remansos de paz, palabras de aliento e, inexplicablemente, vuestro cariño.
Pero no puedo dejar este post, sin poner algo que me permite, al cerrar los ojos y escuchar, transportarme a otra época. Si no los abro y me dejo llevar sólo por el sonido… siento paz… durante unos segundos “recuerdo” qué era la felicidad, aquella felicidad, la que no la condicionaba nada. Es la felicidad que no la genera nada, pues era la que nacía dentro de mi. Esa es la auténtica felicidad. Si lográis sentirla otra vez, os daréis cuenta de lo que digo. Intentarlo….

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